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LA TRILOGÍA DE LOS INOCENTES
LA INOCENCIA DE LA GUERRA Y DE SUS VÍCTIMAS
Inocente es una palabra luminosa. No nos sentimos culpables porque sabemos que la culpabilidad es una reacción de nuestra consciencia. Y esta reacción no está asociada automáticamente a un delito que hemos podido cometer considerándolo una defensa legítima.
Miremos el rostro de la guerra: Es el de un tigre.
El tigre devora a un niño. Obviamente es una tragedia, pero esto no menoscaba la inocencia del tigre.
La inocencia no toma en cuenta el daño, exige solo la pureza de intención. Para quién participa en una guerra, la inocencia coincide con el respeto del propio rol dentro de los mecanismos de una lucha cuyo objetivo es exterminar al adversario.
Normalmente no asociamos la palabra inocente a la guerra, sino a sus víctimas. A aquellos que no ultrajan y destruyen. Pensamos en niños huérfanos, en viudas, en las mujeres que viven sobre cuerpos la inocencia de la guerra.
La trilogía del Odin Teatret habla de las diferentes formas de inocencias. Preguntándose: ¿Acaso somos todos inocentes?
LA TRILOGÍA DE LOS INOCENTES
Tres panoramas sobre el pasado reciente, sobre el presente y sobre el futuro cercano
Primer panorama: el pasado (1990-2000)
EL ÁRBOL
Una tierra abandonada por los pájaros
Ancestralmente vinculado a la vida, el Árbol de la Historia crece vigoroso y muerto en el centro del espacio. Los personajes gravitan alrededor de esa catedral vegetal, viva y extinta. Señores de la guerra con sus ejércitos de niños soldados siembran muerte y caos. Monjes plantan un peral en el desierto de Siria, con la esperanza de que retornen los pájaros que se fueron. La hija de un poeta evoca su sueño infantil de volar junto a su padre. Una madre nigeriana huye escondiendo la cabeza de su hija en una calabasa.
Como es de costumbre en los espectáculos del Odin Teatret, lenguas y comportamientos se mezclan y se enfrentan. Actores de Bali, Canadá, Chile, Dinamarca, India, Inglaterra e Italia dan vida a un rito que evoca situaciones míticas y hechos históricos.
En la penumbra final, un señor de la guerra liberiano y uno serbio - personajes históricos reales - fraternizan. El canto de los pájaros anuncia su retorno en un panorama que recuerda la frase de Chateaubriand: los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen.
Segundo panorama: el presente (2010 - 2018)
LAS GRANDES CIUDADES BAJO LA LUNA
Cambiar de país más seguido que de zapatos
¿Cómo se vive en un país en guerra en el cual los soldados solamente se ven cuando vuelven en un ataúd?
La luna observa una reunión de amigos. Discuten los últimos sucesos. Toman buen vino y recuerdan amigos lejanos. Sentados en cómodas sillas recitan con placer a su poeta preferido - Bertolt Brecht, Jens Bjørneboe, Ezra Pound, Li Po. Cantan con armonía los horrores del presente.
La luna entrelaza su romántica voz a la de los actores. Su luz se funde con las llamas de las grandes ciudades que arden bajo ella: metrópolis de Europa, Asia Menor y del Nuevo Mundo, Guernica, Hiroshima y Alepo, la China imperial y los campos de algodón de Alabama. Su compasión no conoce melancolía.
Tercer panorama: el futuro (2031)
LA VIDA CRÓNICA
Aquí la gente come sin hambre y bebe sin sed
Por fin paz. Estamos en Europa en el 2031 al final de una guerra civil. Crisis económica, desocupación, tumultos, miseria y desconfianza entremezclan individuos y grupos de diferentes nacionalidades y culturas. ¿Qué sucede cuando los recién llegados quieren asentarse en un país extranjero y hacer parte de una sociedad, que cree tener raíces culturales sólidas? ¿Qué incomprensiones y descubrimientos surgen de esta confrontación?
Un joven colombiano llega a la febril Europa. Está buscando a su padre desaparecido misteriosamente. Es apenas un adolescente e ignora lo que todos saben: que la vida es una enfermedad crónica de la cual nuestro planeta con su historia no logra liberarse. Todos saben que existen miles de puertas que conducen a la libertad, y todos alimentan este saber comiendo sin hambre y bebiendo sin sed.
Responden las preguntas del joven extranjero enseñándole a escapar del peor de los vicios: la esperanza. "Deja de buscar a tu padre" le susurran mientras lo acompañan de una puerta a otra, entre residuos de fábulas que llaman orgullosamente nuestra historia.
No son la inocencia y la ignorancia lo que salvará al joven. Será un nuevo conocimiento - la ceguera hacia lo que es obvio - lo que lo hará descubrir su puerta. Entre el desconcierto de todos nosotros que no creemos en lo increíble: que una víctima valga por sí sola más que cualquier valor. Más que Dios.

La trilogía de los inocentes

La inocencia de la guerra y de sus víctimas

 

Inocente es una palabra luminosa. No nos sentimos culpables porque sabemos que la culpabilidad es una reacción de nuestra consciencia. Y esta reacción no está asociada automáticamente a un delito que hemos podido cometer considerándolo una defensa legítima.

 

Miremos el rostro de la guerra: Es el de un tigre.

 

El tigre devora a un niño. Obviamente es una tragedia, pero esto no menoscaba la inocencia del tigre.

 

La inocencia no toma en cuenta el daño, exige solo la pureza de intención. Para quién participa en una guerra, la inocencia coincide con el respeto del propio rol dentro de los mecanismos de una lucha cuyo objetivo es exterminar al adversario.

 

Normalmente no asociamos la palabra inocente a la guerra, sino a sus víctimas. A aquellos que no ultrajan y destruyen. Pensamos en niños huérfanos, en viudas, en las mujeres que viven sobre cuerpos la inocencia de la guerra.

 

La trilogía del Odin Teatret habla de las diferentes formas de inocencias. Preguntándose: ¿Acaso somos todos inocentes?

 


La trilogía de los inocentes

Tres panoramas sobre el pasado reciente, sobre el presente y sobre el futuro cercano

 


Primer panorama: el pasado (1990-2000)


EL ÁRBOL

Una tierra abandonada por los pájaros

 

Ancestralmente vinculado a la vida, el Árbol de la Historia crece vigoroso y muerto en el centro del espacio. Los personajes gravitan alrededor de esa catedral vegetal, viva y extinta. Señores de la guerra con sus ejércitos de niños soldados siembran muerte y caos. Monjes plantan un peral en el desierto de Siria, con la esperanza de que retornen los pájaros que se fueron. La hija de un poeta evoca su sueño infantil de volar junto a su padre. Una madre nigeriana huye escondiendo la cabeza de su hija en una calabasa.

 

Como es de costumbre en los espectáculos del Odin Teatret, lenguas y comportamientos se mezclan y se enfrentan. Actores de Bali, Canadá, Chile, Dinamarca, India, Inglaterra e Italia dan vida a un rito que evoca situaciones míticas y hechos históricos.

 

En la penumbra final, un señor de la guerra liberiano y uno serbio - personajes históricos reales - fraternizan. El canto de los pájaros anuncia su retorno en un panorama que recuerda la frase de Chateaubriand: los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen.

 

 

 

Segundo panorama: el presente (2010 - 2018)


LAS GRANDES CIUDADES BAJO LA LUNA

Cambiar de país más seguido que de zapatos

 

¿Cómo se vive en un país en guerra en el cual los soldados solamente se ven cuando vuelven en un ataúd?

 

La luna observa una reunión de amigos. Discuten los últimos sucesos. Toman buen vino y recuerdan amigos lejanos. Sentados en cómodas sillas recitan con placer a su poeta preferido - Bertolt Brecht, Jens Bjørneboe, Ezra Pound, Li Po. Cantan con armonía los horrores del presente.

 

La luna entrelaza su romántica voz a la de los actores. Su luz se funde con las llamas de las grandes ciudades que arden bajo ella: metrópolis de Europa, Asia Menor y del Nuevo Mundo, Guernica, Hiroshima y Alepo, la China imperial y los campos de algodón de Alabama. Su compasión no conoce melancolía.

 

 

Tercer panorama: el futuro (2031)


LA VIDA CRÓNICA

Aquí la gente come sin hambre y bebe sin sed

 

 

Por fin paz. Estamos en Europa en el 2031 al final de una guerra civil. Crisis económica, desocupación, tumultos, miseria y desconfianza entremezclan individuos y grupos de diferentes nacionalidades y culturas. ¿Qué sucede cuando los recién llegados quieren asentarse en un país extranjero y hacer parte de una sociedad, que cree tener raíces culturales sólidas? ¿Qué incomprensiones y descubrimientos surgen de esta confrontación?

 

Un joven colombiano llega a la febril Europa. Está buscando a su padre desaparecido misteriosamente. Es apenas un adolescente e ignora lo que todos saben: que la vida es una enfermedad crónica de la cual nuestro planeta con su historia no logra liberarse. Todos saben que existen miles de puertas que conducen a la libertad, y todos alimentan este saber comiendo sin hambre y bebiendo sin sed.

Responden las preguntas del joven extranjero enseñándole a escapar del peor de los vicios: la esperanza. "Deja de buscar a tu padre" le susurran mientras lo acompañan de una puerta a otra, entre residuos de fábulas que llaman orgullosamente nuestra historia.

No son la inocencia y la ignorancia lo que salvará al joven. Será un nuevo conocimiento - la ceguera hacia lo que es obvio - lo que lo hará descubrir su puerta. Entre el desconcierto de todos nosotros que no creemos en lo increíble: que una víctima valga por sí sola más que cualquier valor. Más que Dios.

 

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